Fausto Salinas Lovón
Para Lampadia
Aldo Mariátegui popularizó la frase “electarado” para referirse, fundamentalmente, a los electores del interior del país y en particular de la sierra sur y centro, que siempre respaldan con reiterada vocación por el error las propuestas populistas de personajes como Humala, Mendoza o Castillo. La votación de Lima, normalmente orientada a los partidos de derecha o de centro, no la hacía susceptible de esta alusión en las elecciones nacionales o parlamentarios, salvo en el ámbito Municipal donde Lima le dio el respaldo, dos veces (elección y revocatoria) y gracias al jugoso pero corrupto auspicio brasilero, a la señora Villarán, autodeclarada única responsable de los actos de corrupción que cometió a mansalva en la metrópoli limeña.
Sin embargo, Lima parece estar nuevamente en el mismo camino.
Veamos.
En la capital del país, el 88% de los ciudadanos desaprueba la gestión de Castillo, según los últimos sondeos de IPSOS. Los otros sondeos más favorables al gobierno, no pueden ocultar esa misma tendencia. Sólo un 9% aprueba en la capital al tonto útil de la izquierda, el chavismo y los remantes de sendero luminoso que está sentando en Palacio de Gobierno socapando las rapacerías de sus familiares corruptos. Dicho de otro modo, sólo 1 de cada 10 residentes en Lima quiere que Castillo se mantenga en el poder.
Esta cifra es nítida. Es apenas superior al promedio nacional donde el 76% de los peruanos están en contra de Castillo. Más de 1 de cada 4 peruanos no lo quiere sentado en Palacio.
Pese a ello, en Lima, el 33% de los mismos limeños que aborrecen sin ambages a Castillo, es decir 1 de cada 3 limeños, piensan (es un decir) votar por partidos que sostienen a Castillo en el poder.
Castillo se mantiene en el poder por la complicidad, el respaldo y los votos de unas ban(ca)das cómplices. Esas mismas ban(ca)das recibirían el apoyo de los limeños en las elecciones municipales.
Daniel Urresti, el general retirado que en busca de empleo postuló a la alcaldía, la presidencia y sólo consiguió una gerencia de seguridad municipal en un distrito populoso de Lima, es el candidato de Podemos Peru, una de las ban(ca)das cómplices.
El otro es George Forsyth, engreído de grupos caviares, de encuestadoras que fabricaron su candidatura y por supuesto de Vizcarra y Sagasti, los porteros que abrieron la puerta a Castillo. (Este señor, el hijo del embajador que ha presentado a Castillo a nivel internacional y que según algunos gestionaba su asilo). Forsyth es nada menos que el candidato de Somos Perú, el partido que no solo ha salvado a Castillo de la vacancia, sino el partido que le presta el vocero y más leal defensor, el ministro Salas.
Esta grave incoherencia del electorado limeño solo se puede explicar, si se concreta, en que este elector no piensa a la hora de votar y mucho menos defiende sus intereses. Merece el calificativo que Mariátegui otorga a quienes actúan así.
Lima tiene un abanico de opciones electorales distintas a los partidos cómplices. Ahí está su camino.
Para que SOMOS PERU, PODEMOS PERU y también Alianza para el Progreso y ACCION POPULAR puedan pedirles el voto a los ciudadanos de Lima y del país en las elecciones municipales y en cualquier otra elección, previamente deberán librarse del estigma de ser los alcahuetes de este gobierno y en particular de Pedro Castillo. No nos referimos a JPP y Perú Libre que no son alcahuetes, sino culpables directos.
Sólo tomando las medidas parlamentarias que tienen en sus manos, ejerciendo las atribuciones que les otorga la Constitución y librando al país del destino al cual nos quiere llevar este gobierno, podrán ir, con la frente por lo menos limpiada, a pedir el voto para sus candidatos a gobernadores, consejeros, alcaldes y regidores en la capital y en todo el país. Como están, con la frente llena de complicidad podrán engañar a algún electarado, pero no al grueso del país que no quiere vernos convertidos en Venezuela o Nicaragua.
No al voto por las ban(ca)das cómplices. Lampadia