Fausto Salinas Lovón
Cusco, 04 de marzo de 2017
La inclemente arremetida de Acción Popular (AP) contra el primer vicepresidente Martín Vizcarra por la adenda al contrato de concesión del aeropuerto de Chincheros en el Cusco, es una muestra de genuina preocupación por el gasto estatal o tiene un propósito distinto, ulterior y más importante?
Debe haber quienes crean lo primero. También existen quienes ven detrás de ello intereses económicos más concretos que, afectados por la ruptura del monopolio de acceso al país y del oligopolio aéreo, han puesto en acción a sus alfiles, caballos y peones más cercanos. Sin embargo, hay muchas razones para pensar en sentido distinto y plantearse, por lo menos como hipótesis, que existan otras razones y propósitos aún más poderosos.
Veamos:
- No parece genuina esta preocupación por el gasto público en un partido que en el Gobierno contribuyó al crecimiento de la deuda externa que al 2016 bordea los 30,000 millones de dólares y que creció, en más de 23% durante el gobierno de Humala, sostenido en más de una ocasión con los votos de los parlamentarios que ahora lideran la campaña contra Vizcarra.
- Parece contradictoria la oposición a un aeropuerto de parte de un partido cuyo fundador hizo de la conectividad su enseña, construyendo carreteras y aeropuertos.
- Tampoco parece genuina la preocupación por el gasto público por parte de un partido político como AP que, luego de muerto su fundador, ha votado a secundado desde el Congreso los más grandes dispendios públicos de la última década: la carretera interoceánica, el gaseoducto sur andino, la modernización de la refinería de Talara y los programas sociales del humalismo. Todos ellos deben sumar, por lo menos 30 veces el costo total de Chincheros.
Por esta razón, hay quienes pensamos que el propósito podría ser distinto: generar una nueva transición política. Ese escenario que resucitó a AP de los últimos lugares de las preferencias electorales donde estaba Valentín Paniagua en el 2000 y donde están actualmente ubicados los principales promotores de la iniciativa. Una especie de reseteo del gobierno que permitiría un nuevo juego electoral y la posibilidad de una victoria de quienes se quedaron a unos puntos de la segunda vuelta, entre los cuales obviamente esta AP.
Veamos algunas razones de esta hipótesis:
- Kuscynski es, desde sus orígenes un presidente débil, electo en primera vuelta por apenas un quinto del electorado nacional, con una exigua representación parlamentaria, sin partido y asesorado en la dirección que más lo debilita: confrontar con el fujimorismo.
- Kuscynski tiene la sombra de haber dirigido la economía y el gobierno en los tiempos en que Odebrecht iniciaba sus movidas en el Perú y, por esta simple causa, puede ser responsabilizado políticamente de lo ocurrido durante el gobierno de Alejandro Toledo, más allá de que tenga responsabilidad o no, el día que lo decida la mayoría parlamentaria. La aparición de supuestos abonos en las cuentas de sus empresas efectuados por fuentes vinculadas a las empresas brasileñas (aun cuando se han realizado en épocas que él estaba alejado del poder político y puedan responder a servicios de asesoría o comisiones perfectamente legales), no disminuye este riesgo.
- La única posibilidad de sostener un gobierno de peruanos por el Cambio (PPK) y evitar un reseteo político (una transición en los términos que sueña AP) pasa por tener vice presidentes y de ambos, sólo uno parece estar lejano de las obras públicas ejecutadas por las empresas brasileñas: Martin Vizcarra. A diferencia de él, Mercedes Araoz tuvo participación en el gobierno aprista y, sea que tenga o no responsabilidad política, no dudo que en caso de que ella sea la llamada a sostener un gobierno de PPK, se la atribuirían sin ningún problema.
- Apuntar a Martin Vizcarra no es entonces casual, es la bala de oro que se tiene que disparar para crear el escenario futuro (pero no lejano) de una transición. Pero como no resultaría correcto hacerlo de manera explícita, el disparo viene con silenciador: Chincheros.
- Al carga montón contra Vizcarra se han subido, tan pronto se dieron cuenta de su utilidad política, los demás perdedores de las elecciones del 2016: el Frente Amplio, el APRA de 4 curules y Alianza para el Progreso, adhiriéndose al muy bien camuflado pedido de interpelación. Dicho de otro modo, los demás beneficiados de un reseteo político ya se hicieron visibles.
- Piezas menores del tablero burocrático, como el locuaz Contralor que fue parte de la silenciosa gestión de su antecesor, que bendijo todo lo que hizo Ollanta Humala, y el flamante procurador anticorrupción Enco, también han disparado contra el Ministro Vizcarra para sumar heridas que hagan posible un desangre definitivo, aunque en el caso de ellos sea posible pensar que su propósito es generar ruido para cubrir a sus mentores rosados.
La pieza que no cuadra es el rol que esté jugando y el que finalmente juegue Fuerza Popular en esta movida liderada por AP. ¿Hará respetar la voluntad popular que le dio la primera fuerza parlamentaria y sostendrá el régimen político? o, ¿llevado por la inercia de algunos de sus alfiles menos iluminados, llegará hasta el borde del abismo y no podrá retroceder, saltando también a su propio vacío?
Ciertamente, Fuerza Popular, cuyo predominio político ha descrito bien Lampadia hace unas semanas, tiene la tremenda responsabilidad de entender la movida y alejarse del abismo, desoyendo a quienes con candidez los animen a pensar que un reseteo del Gobierno, no es también un reseteo del fujimorismo.
Mientras tanto, en el Cusco, nos queda claro qué si el aeropuerto de Chincheros no va, es porque está siendo sepultado por la Lampa, pero no la del honorable FBT, sino la de sus acólitos de hoy.