El tema causa mucha indignación, cólera y frustración. Un país con muchas riquezas, que fi nalmente había logrado encontrar el camino del crecimiento sostenido y de la modernización en la década pasada, vuelve a hacerse el hara-kiri.
Esto, gracias a una evidente incapacidad de los responsables políticos, que han generado un desbalance de poderes y un uso abusivo de estos. Además, gozan de una vergonzosa impunidad al incorporar a los responsables del orden y del control en el interior de este mecanismo del mal.
El poder, bien utilizado, es necesario para mantener el orden, pero es muy destructivo cuando se abusa de él. Lo que estamos viviendo en el Perú es el más claro ejemplo del mal uso del poder, que junto con una incapacidad de ejecución, una enquistada corrupción y falta de autoridad, genera un gran caos, equivalente a hacerse el hara-kiri.
Lo que casi todos queremos es volver al ritmo que teníamos en la década pasada. Sin embargo, los que hoy ejercen el poder solo piensan en sus propios objetivos. Esto a costa de la gran mayoría, a la que solo nos queda esperar que se cumplan los cinco años para volver a votar. Pero esto será muy tarde, ya que la destrucción de la gobernabilidad solo se podrá parar con un borrón y cuenta nueva.
Recientemente, al nuevo Poder Ejecutivo se le ha ocurrido llamar a un referéndum. Esto, con el objetivo de darle al pueblo la posibilidad de pronunciarse y de paso golpear a los enemigos de los otros poderes del estado. El problema es que por apresurados parece que no analizaron bien lo que se debía preguntar y no tomaron en cuenta la posibilidad de que el poderoso Poder Legislativo se defendiera y acomodara las preguntas a su favor, volviéndose a burlar de toda la población.
A mi parecer, se dejó pasar la gran oportunidad de preguntar por el establecimiento de la renovación por tercios o mitades del Congreso. Este mecanismo de efectivo control y evaluación permanente es muy utilizado en EE.UU. e incluso en nuestra región, en Argentina o Brasil.
Una reciente encuesta local indica que más del 60% de la población estaría de acuerdo con este cambio, con el que se conseguiría mejorar notablemente el pobrísimo desempeño del Congreso, que hoy cuenta con un índice de aprobación inferior al 10%. ¡Vergonzoso!
Un ejemplo que demuestra la tesis es la reciente elección de una parte del Congreso de USA. El presidente Trump estaba haciendo mal uso de su poder, aprovechando que tenía el dominio del Ejecutivo y ambas Cámaras del Congreso. Esto estaba originando un gran malestar, por lo cual la población le devolvió el poder de la Cámara de Representantes a los demócratas y así puso el balance necesario de poderes. Clara sanción al abuso del poder, que se pudo conseguir porque existía el mecanismo de la renovación por tercios.
Es muy lamentable que esto no se haya considerado en el referéndum; sin embargo, una bancada ya lo ha presentado como proyecto al Congreso, pero al ser una minoría, tendrá que convencer al resto, lo cual parecería casi imposible.
Guardando las distancias entre el sector público y el privado, siempre he insistido que el Gobierno debería utilizar algunas de las buenas prácticas del sector empresarial, que podrían ser aplicables para el Estado, en especial en los frentes gestión del personal y del control independiente de riesgos y cumplimiento.
En la mayoría de empresas serias y profesionales, el personal es seleccionado y contratado en base al cuadre de las competencias requeridas, con la experiencia del candidato. Esto se complementa luego con evaluaciones y referencias. Una vez incorporados, los empleados son evaluados, al menos una vez al año y su permanencia, así como sus aumentos salariales y promociones, son basados estrictamente en la meritocracia. Por otro lado, el personal está limitado a los requerimientos del plan estratégico y siempre debe estar dentro del presupuesto.
En el tema del control independiente de los riesgos y el cumplimiento, las empresas serias están muy enfocadas en su buen manejo, porque saben que si no se identifican y controlan disciplinadamente, se puede hasta destruir a la empresa. Aquí la clave es la independencia y la aplicación de sanciones sin miramientos. Sin esto, no funciona y se presta para temas nefastos. Aquí, también, nada más lejano de lo que ocurre en el sector público, siendo además este, el principal motivo por el que estamos viviendo este frustrante y vergonzoso caos.
No sería algo extraordinario que el Gobierno adopte al menos estas buenas prácticas, como lo hacen la empresas serias. Podríamos comenzar por apoyar y demandar al Congreso la aprobación del proyecto de la renovación por tercios o mitades del Congreso y así parar el hara-kiri.
Por: Rafael Venegas, Director independiente de empresas y senior advisor de Spencer Stuart
El Comercio, 12 de noviembre de 2018